viernes, 28 de octubre de 2022

Decomiso

Bueno, de aquí a que usted y yo hablemos se acaba el mundo. Mala costumbre esta la de escribirte solo cuando te necesito y no cuando te amo. Mala costumbre la de venir a poner en letras las tristezas y los dolores y no las dichas y las motivaciones. No hay nada que no te haya dicho ya y sin embargo... de sobra sabes quien eres. Me disculpo, mil y dos veces me disculpo. Es solo que en la lejanía de nunca haber sido nada se me desborona el alma. Son solo las simplezas pequeñas de los pormenores cotidianos, que se juntan y se hacen huracán y despojo. Es solo que no me queda nada más para descansar la vida que acudir a la letra a falta de tu voz y tus brazos, de la fuerza inconmensurable del color oliváceo de tus ojos, de la paz y el sosiego de tu razón cristalina, a falta de serte alguien y poder poner a tus pies todos mis días. Aunque no eres, aún acudo a ti como refugio. Vuelvo a ti en estas palabras para abrazarme, para quitarme el frío, para aligerarme las penas, y descargarme los inoportunos. No es tu tarea, lo sé bien, para mi no naciste, y sin embargo te espero. Como es la vida solo te encuentro en mis esfuerzos, en mis ingenios desposeídos y naranjos. Hoy estoy cansada y triste y quisiera acurrucarme en tu semblante, esconder mis ojos entre los tuyos, aliviar mis silencios en tu lengua, desplegar mis misterios entre tus dedos afilados. Porque no estás no me queda más que enfrentar al mundo, porque no te veo, ni te toco, ni te hablo, no me queda más que empuñar la paciencia y desenhebrar los genomas. Aguantarse la sed, socavar el hambre, dedicarse a las causas perdidas, volver irremediablemente a la letra consoladora. Conformarse uniformemente con la rebeldía.

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