lunes, 12 de diciembre de 2016

Imprudente

La rabia, brutal y despiadada
La rabia asesina que desgarra, que rasga arterias y destroza rostros
La rabia inmunda de la estupidez humana
La ira huracán que desmiembra cuerpos, que hace vomitar a cada célula
La rabia indescriptible y profunda, desde la raíz de todos los siglos
La rabia oscura y pútrida del haber sabido y saber aún y ver pasar
La rabia visceral de la impotencia, de la sangre que hierve y se evapora a través de la piel
La rabia del aire caliente que entra y sale de los pulmones
La raaaaaaaaaabiiiiaaaaa, ulcerante y convulsiva
De arrancar la uñas despacito
De arrancar uno a uno los dientes, sin anestesia
De romper uno a uno los huesos, todos, uno a uno, macerados
La rabia lucida de saberse inteligente y no importar
La rabia más allá de su mismo origen
Antes incluso del amor y el universo
Antes de la vida y la cordura
La rabia generadora de movimiento
La que salta
La que corre
La que hace hacer
La que no puede quedarse quieta
Esa que cuando aparece transformo en una implosión insonora que se vuelca sobre mis músculos, mis neuronas y mi corazón, antes de que pueda alcanzar a alguien más, esa que sobre todo a mí sabe hacer daño.

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