viernes, 9 de septiembre de 2016

Ocaso

Se me perdió agosto, todo completito, sin saber cómo, dónde o por qué ¡Se fue agosto sin un pensamiento y casi sin respiros! ahogada entre lágrimas y desencuentros, entre no hacerme más daño y no hacerle más daño al universo. Hay tanto dolor en el mundo que no se merece que más añadamos, manejémoslo adentro.
Ya estoy bien, por fortuna, casi como un acontecimiento.

Aparte:

Tengo y no tengo nada ¡Qué momento! El corazón late constreñido, solo músculo y sangre, sin sentimiento. El olvido de uno y la coincidencia de la distracción me confunden los sentidos. Amor no hay, eso tan complejo no surge de esto. Tampoco hay mucho más, unos días que transcurren tratando de desgastar el cariño. De liberarlo a toneladas mientras se puede en este poco tiempo. Se acabará pronto, no el cariño, el tiempo. Luego hay que correr el límite de nuevo. Callar y recordar en silencio, solo de vez en cuando para distraer las neuronas. Lo compartido es bonito y bueno, pero caduco, como el otoño y sus hojas, no tiene más tiempo. Está limitado al ahora, al inmediato, no hay que darle más vueltas o pensamientos, es así, simple, sencillo, claro, conciso, sin aristas, sin más. Luego, cuando termine ¿qué será de mí y del cariño? pues a otro cuento. A seguir pendiente de lo que sí es y no de las distancias pasajeras. De quien si es y no de a quien no pertenecemos ¿Perteneceremos a alguien? ¿A algún vivo? ¿A quién tenga esos ojos de los que no me cansaré, sonriendo? ¿Dónde estará ese quién? ¿Entre qué gentes?

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