Se me perdió agosto, todo
completito, sin saber cómo, dónde o por qué ¡Se fue agosto sin un pensamiento y
casi sin respiros! ahogada entre lágrimas y desencuentros, entre no hacerme más
daño y no hacerle más daño al universo. Hay tanto dolor en el mundo que no se
merece que más añadamos, manejémoslo adentro.
Ya estoy bien, por fortuna, casi como un
acontecimiento.
Aparte:
Tengo y no tengo nada ¡Qué momento! El corazón
late constreñido, solo músculo y sangre, sin sentimiento. El olvido de uno y la
coincidencia de la distracción me confunden los sentidos. Amor no hay,
eso tan complejo no surge de esto. Tampoco hay mucho más, unos días que
transcurren tratando de desgastar el cariño. De liberarlo a toneladas mientras
se puede en este poco tiempo. Se acabará pronto, no el cariño, el tiempo. Luego
hay que correr el límite de nuevo. Callar y recordar en silencio, solo de vez
en cuando para distraer las neuronas. Lo compartido es bonito y bueno, pero
caduco, como el otoño y sus hojas, no tiene más tiempo. Está limitado al ahora,
al inmediato, no hay que darle más vueltas o pensamientos, es así, simple,
sencillo, claro, conciso, sin aristas, sin más. Luego, cuando termine ¿qué
será de mí y del cariño? pues a otro cuento. A seguir pendiente de lo que sí es
y no de las distancias pasajeras. De quien si es y no de a quien no
pertenecemos ¿Perteneceremos a alguien? ¿A algún vivo? ¿A quién tenga esos ojos
de los que no me cansaré, sonriendo? ¿Dónde estará ese quién? ¿Entre qué
gentes?
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