lunes, 20 de junio de 2016

Prosiga

Miedo
Dificultad
Silencio,
¿Cómo comenzar a escribir esto?
Tráigame una silla, una cerveza, una tesis, un amor.
Está bien que no seamos los mismos.
Tengo miedo, muchísimo, agudo, amenazador, un miedo descolorido de estar ciega y desnuda, de no tener un lugar donde descansar el alma y guardar la cabeza, de no tener un sitio al que pertenecer ni al cual extrañar. Alfa a muerto y con su muerte se llevó mi casa. Mi hogar era donde ella estaba y ya no está. Ahora sí que me siento sola, no vagabunda ni miserable, sola con las manos vacías y abiertas. Sola con el alma limpia recién lavada, sola con esa inocencia que crece como enredadera y rompe los ladrillos, con los pies y las manos frías entre las cobijas en la noche, con la ciudad extensa y desconocida, sola sin el queso y las legumbres, sin palos, sin piedras, sin plumas, casi que vacía.
En este caso es “sin embargo” la frase esperanzadora, la que permite pensar que las cosas cambien, creer que esto no durará mucho. “Ustedes los de entonces ya no son los mismos” yo tampoco. Sin embargo algo… alguna cosa, alguna pequeña o insignificante, grande y magistral, fuerte y maquiavélica, absoluta axolotl, como siempre inacabada, permisible, dinámica, valiosa y vulnerable. No es por nada más sino por eso. No hay casualidad en que haya elegido las aves. Incluso el azar es reducible. De nuevo juegan todas las probabilidades, como siempre, este sí, aquello no, aquí me gusta, esto no sirve, para mañana, no alcanzo, usted si, usted también, tampoco, aquí no, aquel está bien, que tenga luz, extraño, mucho gusto, gracias, los quiero, hasta mañana.
Sin embargo… además del miedo, la dificultad y el silencio, un sin embargo, un pero, que abran la puerta y muestren los caminos, que anuncien la posibilidad de otro día y otras gentes, de otro hacer hacer hacer, otro oráculo, otro atardecer al sol, otra luna, otro amor. Un sin embargo que no le pertenece a nadie, con el que nadie juega, un sin embargo mío impronunciable y real como el ahora. Un sin embargo conspicuo y simple, evidente, obvio, ridículamente cierto, insoportablemente presente. Algún sin embargo, no tienen que ser todos los faltantes, uno es bastante aunque no sea necesariamente suficiente. Un pero compadeciente, un pero interponible y plantado, unimodal, monótono, frecuente, amplio, reluciente, palpitante. Un pero así sea frágil, ojalá no muy convaleciente. Un sin embargo que sea una de muchas más razones que vendrán por el camino, que me sostenga en la marcha, que no me deje botada al borde del camino, “andar, andar, solo por andar”.
Un sin embargo, un pero, de esos que están mezclados con los ángeles clandestinos y los demonios danzantes, con las aguas del río y las piedras de la tierra, con los árboles encorvados y húmedos, con el corazón que late en el pecho de alguien del cual aún no es posible pronunciar un nombre. Un pero pendiente, pendular, profundo. Un sin embargo luz, esperanza, matilde, constanza, contrapunto. Un delgado y simple sin embargo que pueda enhebrarse en la aguja del tiempo y me permita cocer los retazos de los todavías y forjar la ruana de lo que soy con los parches de los momentos cotidianos en que el miedo es mínimo, el cerebro funciona y los otros son queridos y me quieren.

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