sábado, 22 de septiembre de 2012

El hombre que yo amé ya no existe, se lo llevo una nube oscura. Se marchitó despacio tras la boca de una hembra inequívoca y seca. Se le agotaron las plumas y las alas tras la sombra terrible de la sangre negra de esa que lo posee. Envejeció contento y húmedo entre las esporas vertiginosas y ácidas de las ventosas agudas de una dama de plata. El hombre que yo amé ha muerto, ya solo se ríe de la miseria de los otros, del terror en los ojos del niño y la tristeza del pobre que agoniza, ya solo pronuncia maldiciones, desencantos y blasfemias o lo que es peor se refugia en el silencio. Ese al que amé todo cuando pude ahora está muerto, y su cadáver anda por las calles sonriente, aferrado del brazo de una bruja hermosa que vale todo el oro que pesa. Yo lo extraño, como se extraña la bañera blanca en que te bañabas cuando niño, como se extraña el árbol al que le confiaste todos tus secretos y no se los dijo a nadie y siempre te miró sonriente, hasta que lo cortaron, yo lo extraño como si un hueco profundo se me hubiera quedado en el alma con su partida, con su muerte. Ese hombre tierno que era luz y horizonte, que representaba el cariño y la posibilidad de ser feliz bajo la bandera de lo que es bueno, ha muerto, lo asesinaron las uñas largas y bondadosas de esa que lo ama para ella sola. Todo fue mi culpa, porque fui fértil, porque le tendí la alfombra mientras ella afilaba el cuchillo, porque quise exonerarla de arrancarme la vida, porque pensé que a fin de cuentas él reaccionaría, pero no era cierto, es tan solo eso, nunca fue cierto. Él se cree claro y perfecto, no se equivoca ni a nadie y ella le pinta la vida en blanco y negro. Yo en cambio adoro los colores, yo en cambio no supe quedarme con aquel que no entiende que "el corazón tiene más cuartos que un hotel de putas", no quise quedarme con aquel que sabe que tener un hijo es la mayor bendición, yo no quiero hijos de sal y sangre, yo no quiero vestido de blanco ni misericordia, yo no quiero familia ni mucho menos tranquilidad. Yo prefiero seguir viva, yo prefiero aún dudar al borde del precipicio, yo prefiero seguir queriendo lo que no eras y entender que ahora tú, el real, el hombre, estás muerto.

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