Mírame, estas líneas en mi rostro no son gratis, me han costado más de una lágrima y cientos de sonrisas. Mírame, ya no juego al gato y al ratón y aprecio como nada una sonrisa venida de la tranquilidad de un momento en silencio. Mírame, para que reconozcas que a fuerza de haberlos repetido muchas veces, ya casi no repito los errores de antes, he aprendido.
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