lunes, 4 de julio de 2011
Puta y también profana, y triste como todas las putas, porque se les veda el amor, porque no son sino carne, sino usables, prescindibles, olvidables. Puta ella y con alma de paloma, vulnerable, quería volarse, siempre, pero entre más desplegaba las alas, más fuerte era el viento, más cercano lo inquerible, más obvio lo humano. Puta ella y también poeta, dejaba que se le escaparan las verdades en palabras endulzadas con la esperanza de la desesperanza, dejaba que se le regaran por el suelo las caricias y los sueños, y los recojía despacio uno a uno, mientras los contaba y de paso se le dibujaban en los alrededores, pero ella siempre fuera de ellos, como si sus sueños no fueran suyos sino de los otros, como si sus bellezas no le pertenecieran y le fueran dadas por entero a otros. Pobre puta pintada, pensaba yo cuando la miraba, y me gustaba componerle versos cortitos para susurrarle, para que se le sonrieran los labios y se le humedeciera el alma, para que su soledad no fuera tan sola y la compartiera un poquito conmigo, pero ella en realidad no estaba tan lejos de ella misma, estaba era lejos de los otros, de los que la veían y la querían así solo entre los huesos, de los que se preguntaban por el olor de sus entrañas y el color de su piel allí donde la ropa no deja verlo, ella no le concedía demasiada importancia a dejarselos conocer, luego se sentía mal hasta casi el arrepentimiento, pero luego se reía, porque se acordaba que finalmente eran ellos los torpes y los ingenuos, los sucios, los inconexos, los que no reconocian ni tenían el valor de sacar de tripas corazón y quedarse a amarla, eran ellos los asustados y pasajeros, ella en cambio los guardó uno a uno, les dejo un lugarcito allá en lo profundo, a todos, a los 75, a los 80 a los de todos los días y las noches, a los que les había dejado gozar de la gloría de su cuerpo, despues de aprender mucho se había cansado, se cansó de los juegos persecutorios, de las mismas palabras repetidas una y otra vez para llegar al mismo sitio, la cama, de los movimientos programados para seducir que ya conocía y le eran tan simples e insignificantes, conocía esos viejos caminos transitados tantas veces, en cambio, la vida era para ella amable, porque le traía sorpresas de vez en cuando donde ella no podía ni imaginarlas, de vez en cuando algún hombre soprendente se acercaba y no sabía como hacerlo y ella se sorprendía contenta de descubrirse como él, perpleja y queriendo reconocer otro cuento, pero también eran pasajeros, ¿por qué? bien no lo sabía, tal vez se había acostumbrado tanto a ese juego que también para los otros era evidente, que triste, cuando ella solo quería rosas por tres años, cuando ella solo quería que alguno entendiera que más allá de esa carne y ese cuerpo, estaba ella toda llena de flores y alegrías, estaba ella dispuesta, para darle la vuelta al mundo, para caminar los caminos más difíciles si así fuera necesario, estaba ella con las manos llenas de caricias innombrables y besos completos y verdades, por sobre todo eso, verdades. Podría ser también que se conociera muy poco, tal vez en vez de ser la blanca esperadora del buen amor era despues de todo solo una pobre puta pintada, aunque en realidad no se pintaba nada, por alguna extraña razón su deseo no era como el de las otras, no consistia en el estar arreglada, en el cabello peinado, en los zapatos de tacón, en el maquillaje perfecto, era puta desde adentro, se le notaba en la piel esa lujuria contenída, se le notaba en las sonrisas todos los sordidos movimientos para el deleite, se le notaba en la voz esa firmeza efímera de sucumbir ante el otro y al mismo tiempo controlar el segundo en que el otro sucumbiera en su centro, no necesitaba más que ser así sencillamente para que fuera deseada, y era, con todo y todo era mucho más que solo eso, porque había aprendido y con los años supo que los hombre no son todos iguales, hay algunos que están más locos que otros, hay algunos que adoran el teatro, hay algunos que saben que el amor es exactamente eso que no sabemos que es, y también aprendió que hay muy pocos que sepan reconocerla, pensaba que ellos pensaban de ella pobre puta pintada. Un buen día cogio su maleta, le sacó todos los recuerdos, le metió tres pantalones dos camisas y todos los cachibaches que una vieja le mete a una maleta y se largó radiante.
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