domingo, 19 de junio de 2011
Que derrota, que angustia sonora y derruida, que rabia inmesurable, consumible, que calambre en el alma y las arterias, que noche decididamente oscura y perdurable, todo esto que se repite inconstante, a latigazos y ponzoñas, que mierda, borrasca olorosa a caldo y podredumbre, que fatiga de no ser, de ser a medias, de necesitar estas letras para el desapego, para seguir, un poco miserable, un algo insuficiente, no respondo lector por lo inutilizable, ya es solo esto lo que se sostiene, ¿de donde vino el silencio y este abismo? ¿en qué momento equivoque el camino? o es solo el ahora el que me agota, o es solo el nombre de esa dama subrrogada y enmohecida que es hermana de la blanca muerte, la oscura, la prolongada, la soledad indomesticable, la acaba todo, la traga mundos, la que corroe desde el hueso hasta la carne y llega hasta la escencia, soledad se que eres huerfana, se que te escondes en el silencio, se que no se serte ni ser contigo, no puedo, no soy si no hay otros, lo lamento, porque se que no hay otros suficientes, que en este ahora que se prolonga hacia el futuro eres tu la maldita que me hace el camino, soledad moneda sin cambio y vagabunda, duradera, botella del diablo, pasajera, de este tren en que viaja mi vida, no te quiero soledad y sé que debería, porque no piensas irte, porque cuando viniste prometiste acompañarme, cobarde, más que eso, distraída, yo procure no acunarte demasiado, segun parece ya era tarde, ya te habias quedado, ¿te amañaste? ¿qué encontraste aquí que te gusto tanto? ¿qué fue lo que viste un mi que te quedaste a verlo y me procuras estas letras?
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