Rendida ante ti,
ante la inminencia de tu presencia,
ante el sinsentido de la existencia,
en la agonía de la simpleza y la efimeridad.
Derrotada!
Agotada en la austeridad de tu acontecer
Inundada del abismo hueco que eres.
ante la inminencia de tu presencia,
ante el sinsentido de la existencia,
en la agonía de la simpleza y la efimeridad.
Derrotada!
Agotada en la austeridad de tu acontecer
Inundada del abismo hueco que eres.
Querida muerte!
Vienes
lenta, cansada, seca.
Extingues la vida de alguien querido
Un viejo amigo de esos que uno acuña en el alma
Extingues la vida de alguien querido
Un viejo amigo de esos que uno acuña en el alma
Lo eliminas
No dejas de su ser ni un rastro, ni un augurio.
Ni siquiera te ríes
Tampoco para ti debe ser amable llevarse a la gente querida
Pasas!
No dejas de su ser ni un rastro, ni un augurio.
Ni siquiera te ríes
Tampoco para ti debe ser amable llevarse a la gente querida
Pasas!
Arrastrándote tropiezas
pesada, afónica, terca.
Y él deja de ser!
Te alejas ocupada,
brusca, brava, fuerte.
En el silencio.
No es el recuerdo de que un día pasaras por mí
No es la rabia de haber venido demasiado pronto
No es la tristeza de lo que quedó pendiente
No es la agonía de los que se quedan solos.
Es, hermana muerte, la simpleza.
Es la gota de agua
La gravedad del suelo
La calidez de la madera
La lealtad de la piedra.
Es, muerte querida
El silencio que dejas a tu paso
La innecesidad de las palabras
La inutilidad de los hechos
La impotencia del order.
Es, hermana mía
Ese dolor profundo y pasajero que nos opaca la vida
La certeza muda y permanente de que se es solo una briza.