Duele al filo del pecho,
En las fibras de los brazos,
En los resquicios del cerebro.
Duele en esos lugares indefinibles que soy yo misma.
En esos espacios que, si existiera, deberían ser el alma.
Duele, en el augurio de mis presagios,
En los futuros inexactos,
En los pasados indefendibles.
Duele cada segundo transcurrido,
Cada decisión tomada,
Cada acierto y desacierto,
¡Duele! tiembla la existencia.
Se tambalean los azares.
Se derrumba la suerte.
Duele la lengua y los dos lados del cráneo,
Duelen las puntas de los huesos,
Lo profundo de las cirugías.
Es el dolor de saberse sola, deshabitada.
El dolor de la crueldad innata de la naturaleza.
El sinsentido tedioso de estar viva.
Duele al interior de las vertebras,
Al sur de las costillas,
Se desintegra el ADN.
Duelen los hijos que nunca,
Los abuelos que todavía,
Las amigas amadas,
Los amores odiados,
Los enemigos extintos.
Dueles tú dos mil veces al rededor del cuello.
Es este dolor corrosivo después de la rabia.
Es este dolor absorto en la frustración y la impotencia.
Es el haber - siempre y todavía - perdido.
Es el dolor de no poder utilizar la razón para resolver este acertijo.
Es el tener las respuestas para estas preguntas innecesarias y sublimadas.
Es la verdad.
La simpleza cruda de la verdad presente.
Como la muerte.