martes, 3 de noviembre de 2020

El acertijo

Duele al filo del pecho,
En las fibras de los brazos,
En los resquicios del cerebro.
Duele en esos lugares indefinibles que soy yo misma.
En esos espacios que, si existiera, deberían ser el alma.
Duele, en el augurio de mis presagios,
En los futuros inexactos,
En los pasados indefendibles.
Duele cada segundo transcurrido,
Cada decisión tomada,
Cada acierto y desacierto,
¡Duele! tiembla la existencia.
Se tambalean los azares.
Se derrumba la suerte.
Duele la lengua y los dos lados del cráneo,
Duelen las puntas de los huesos,
Lo profundo de las cirugías.
Es el dolor de saberse sola, deshabitada.
El dolor de la crueldad innata de la naturaleza.
El sinsentido tedioso de estar viva.
Duele al interior de las vertebras,
Al sur de las costillas,
Se desintegra el ADN.
Duelen los hijos que nunca,
Los abuelos que todavía,
Las amigas amadas,
Los amores odiados,
Los enemigos extintos.
Dueles tú dos mil veces al rededor del cuello.
Es este dolor corrosivo después de la rabia.
Es este dolor absorto en la frustración y la impotencia.
Es el haber - siempre y todavía - perdido.
Es el dolor de no poder utilizar la razón para resolver este acertijo.
Es el tener las respuestas para estas preguntas innecesarias y sublimadas.
Es la verdad.
La simpleza cruda de la verdad presente.
Como la muerte.

jueves, 29 de octubre de 2020

Preludio al último abandono

Silencio,
Es el odio.
La sangre que se coagula en las arterias.
Los muertos que gritan adoloridos.
Ella nunca duerme.

Calla,
Es la rabia.
El veneno que trepa por la tráquea.
Los gusanos se revuelcan en el hígado.
Él nunca pierde.

No digas,
No hay consideración en la razón.
No es el mismo espacio, ni el mismo tiempo. 
Él no sueña.

No escuches,
La aguja de su voz corroe las neuronas y las uñas
Su lengua es árida y tortura
Ella no sabe ni respira.

No leas,
La estupidez de la palabra es tóxica
El abismo no vomita a los que caen.
Él escribe.

Aguarda,
Que lo único que merece es el olvido.

martes, 22 de septiembre de 2020

Abandono

Una tarde varada junto a un río. 
Una piedra atardeciendo en el río imaginado.
Una hierba húmeda que crece ruidosamente al lado de esa piedra que aún respira.
Hubiera querido no tener que olvidarte.
Hubiera querido guardarte en el fondo del pecho hasta el final de los días.
Tu presencia es única e insostenible.
Guardo entre mis alas el rigor de tus angustias, el sueño postergado del nombre derruido de mis infamias y mis desolaciones.
Mis manos vacías susurran tu ausencia y el peligro ciego de dejarte astuto.
Tu voz tiene el hechizo que tienen los lagos, esa calma profunda y deslumbrante, ese silencio oscuro que incita a ahogarse, el insufrible efecto de no querer parar de mirarte pero no sobrevivir a la frialdad de sus aguas.
Tu reflejo sigue siendo mi reflejo ¿quién se mira en quién? ¿cuál de nosotros es el que no escucha? ¿cuál el que no ama? ¿quién el que se marcha?
El tiempo desfigura todos los pedidos, ilumina pálidamente los deseos oscuros y los devuelve planos, descoloridos.
Cada sentimiento se atropella asustado contra su contrario y caminan despreocupadamente tomados de la mano sobre el sin fin adusto de cada respiro.
No hay nombres ni sujetos, no hay acciones ni conjugaciones que tengan el poder de retenerme a tu lado.
Perdimos los dos, como es debido.
Lo que había que ganar ya lo ganamos, ya lo gastamos y ahora nos lo quedamos debiendo.
Perdimos y no supimos ni cuando ni cuanto.
Ganamos y no nos dimos cuenta.
Quedo yo aquí con las manos vacías, el corazón adolorido y los sueños anestesiados.
Quedas tu allá entre tus alas y tus piernas, repitiendo con tu voz el encanto del que no podré liberarme, solo, centelleante, en todo caso vivo, inmune a mi cariño.

lunes, 31 de agosto de 2020

Medusa de espaldas

Rendida ante ti,
ante la inminencia de tu presencia,
ante el sinsentido de la existencia,
en la agonía de la simpleza y la efimeridad.
Derrotada!
Agotada en la austeridad de tu acontecer
Inundada del abismo hueco que eres.

Querida muerte!
Vienes
lenta, cansada, seca.
Extingues la vida de alguien querido
Un viejo amigo de esos que uno acuña en el alma
Lo eliminas
No dejas de su ser ni un rastro, ni un augurio.
Ni siquiera te ríes
Tampoco para ti debe ser amable llevarse a la gente querida
Pasas!
Arrastrándote tropiezas 
pesada, afónica, terca.
Y él deja de ser!
Te alejas ocupada,
brusca, brava, fuerte.
En el silencio.

No es el recuerdo de que un día pasaras por mí
No es la rabia de haber venido demasiado pronto
No es la tristeza de lo que quedó pendiente
No es la agonía de los que se quedan solos.

Es, hermana muerte, la simpleza.
Es la gota de agua
La gravedad del suelo
La calidez de la madera
La lealtad de la piedra.

Es, muerte querida
El silencio que dejas a tu paso
La innecesidad de las palabras
La inutilidad de los hechos
La impotencia del order.

Es, hermana mía
Ese dolor profundo y pasajero que nos opaca la vida
La certeza muda y permanente de que se es solo una briza.

lunes, 10 de agosto de 2020

Equilibrio

Una que está rota de tantas maneras

Que tiene el corazón cocido a retazos

Que tiene por pasado un nube oscura cargada de errores

Que tiene por certeza la incertidumbre

Que tiene por bandera las manos abiertas.


Una que apenas se sostiene de pie en las tinieblas

Que ha estado al frente en tantas batallas

A la que apenas le alcanza lo que tiene para vivir al día

Que no puede del miedo a comprometerse a pensar en futuros

Que tiene la piel fusionada a las neuronas

Que no mira atrás 

Que apenas si logra perdonarse a ella misma.


Y dice él que él es un desastre.

lunes, 13 de julio de 2020

Afan

El precipicio de las cosas que se acaban
La avidez de los pormayores que se terminan
Esa necesidad imperiosa de acelerar cuando se va llegando
El arrastre vertiginoso de los finales
La lectura que se apresura en las historias que se desenvuelven
La avidez inescrutable de alcanzar el punto
La rapidez de la voz para concretar la idea antes de que se acabe el aire en los pulmones
Como si fuera el último de los respiros
Para luego, como anfitrión, tomar una nueva bocanada.