miércoles, 5 de enero de 2022

Temprano

¡Tarde, siempre es tarde!
Tarde para decir la verdad, para mentir.
Tarde para callar una palabra o para escribirla.
Tardío es el último minuto y llega tarde la recién nacida.

Tarde el aguacero que cae a las cenizas.
Tarde cubre la noche a las perseguidas.
Tarde guía la luz a las perdidas.
Tarde decimos la última palabra.

Tarde florecen la palma y el trigo.
Después de picar se mueren tarde los zancudos.
Las piedras se detienen tarde en la caída.
Y se seca tarde la ropa al viento .

Tarde olvidamos las mujeres.
Tarde los hombres se enamoran.
Caemos en cuenta tarde y sin embargo.
A deshora nos encontramos las unas y los otros.

El hijo entiende tarde al padre,
Y tarde la madre perdona a la abuela.
Tarde cura el tiempo las heridas,
Y tarde, muy tarde, sonreímos.

Tarde aprendemos lo que entonces hubiera sido útil,
Y cuando ya sabemos, es tarde.
Tarde igual enseñamos y no nos alcanzan la voz ni los hilos.

¡Tarde, siempre es tarde!
Tarde es también ahora
y así tarde vivimos, y si hay alguna buena suerte, 
también tarde y bien nos encuentra la muerte.

lunes, 13 de diciembre de 2021

Azul

El día se va. El tiempo transcurre a su paso natural. La tierra rota en ángulo sobre su propio eje. La luz del sol alcanza esta tierra a alguna hora de la mañana, y transcurre sobre ella hasta que anochece a alguna hora de la tarde. Hace frio, en este lado del mundo las plantas adormecidas no tienen hojas ni hacen fotosíntesis, están soñando, esperan por los días largos y cálidos. A pesar de que las plantas duermen es parte de su vida, es su propio ritmo y su lugar. Otras criaturas siguen su curso, las bacterias se reproducen cada vez que pueden y los humanos van de un lado a otro suponiendo que tienen una vida que es aparentemente relevante. La tierra no está aún congelada y las lombrices siguen apareciendo extraviadas en las aceras cuando llueve. Las aves que se quedan andan juntas de un lado para otro, los gorriones se refugian en las pajas secas en los jardines de la ciudad, los cuervos pasan en grupos inmensos en el cielo abierto, los gansos aterrizan en el canal, los Blue Jays saltan entre las ramas secas de los arboles, los American Robins se posan en los chamizos sin hojas de los robles frente a la ventana. Las ardillas todavía corren por las ramas, cargan hojas, hacen chasquidos. El mundo, la vida, sigue su curso a ninguna parte. El día pasa. Diciembre parece un mes atropellado, más que festivo es ocupado y alucinante. Los humanos corren buscando regalos y se ilusionan con la idea de la fraternidad y el cariño, planean encuentros, comidas, abrazos, tratan de disimular el tedio y la desazón de lo incierto. Se quieren. Catalina, mal sentada frente a la pantalla escribe estas letras a modo de mantenerse entretenida, pero le falta todo. Los sentidos mudos no transmiten mensajes, y el cerebro procesa la información tan lento que una sola palabra parecen siglos y siglos. Debe estar haciendo frio, cerca a cero centígrados, hay que usar un saco, una chaqueta... es medio día, hay que comer un almuerzo preparado sin cuidado... es la oficina hay que leer los correos. El cerebro lento intenta. La rutina aprendida de tantos años permite seguir, la convicción profunda y diáfana de no creerle a los pensamientos oscuros y poderosos que auguran daños y destrucciones. El quedarse mirando por mucho tiempo el teclado, midiendo y remidiendo la próxima letra. Leyendo tres, cuatro, cinco veces la respuesta de un correo. Con cuidado que sin la atención del cerebro es increíblemente fácil cometer un error, cambiar una letra por otra, enviar un correo a otro destinatario, equivocar el nombre de un archivo. No puedo confiar en mi misma. Hay que cortar la lista de prioridades, no puedo ahora escribir - irónicamente - no puedo. Generar una idea cuesta la vida y - tristemente - hay que cuidar la vida para tal vez luego cuando no sea tan costoso generar otra idea. La lista de prioridades hay que reducirla, no son 15 cosas ni 10 las que hay que cumplir para el final del día, son tres si se puede: comer, dormir, y seguir respirando. A veces son solo dos, porque dormir se hace muy difícil. Y a veces comer también es demasiado, entonces solo se puede respirar, todo lo que soy y toda mi energía se concentra solo en seguir respirando. Todo lo demás es una inercia lenta aprendida luego de tantos años, la comida no sabe a nada y no siento hambre, pero algo hay que meterle al estomago. No me da sueño y no descanso pero hay que apagar las luces y el computador y obligarse a intentar el sueño. Todo lo demás, todo lo importante, detenido. Todo lo valioso y lo querido, postergado.

miércoles, 24 de noviembre de 2021

Deuda

A Raquel la queremos como se quiere al viento
Con deseo pero sin esperanza.

A Raquel la queremos como se quiere al viento.
¿Cómo?
Todavía.

viernes, 5 de noviembre de 2021

Despues

¡Es el silencio!
Es el silencio que sigue a la muerte
Alrededor todo calla
Se queda mudo, sin palabras
Todo alrededor contiene el aliento.

Es el silencio
Vacío y desprotegido
Ningún sonido puede regresar el tiempo
Ningún significado puede devolver una vida
No hacen ruido las lágrimas que ruedan
No se quejan las hojas que caen
El viento pasa suave, en silencio.

Las personas caminan a lo lejos
En la obra de teatro que es la vida
Se deja ver el telón, la cortina 
Se alcanza a percibir el escenario
Por un momento se nota el libreto, el vestuario
Todos las actores se miran confundidos.

Yo que no sirvo para tanto observo
Escucho el silencio que transcurre
Me miro desconcertada las manos
¿Qué pasó? ¿Dónde estuvo? ¿Quién ha sido?
Y también callo, que no soy yo, ni estuve ahí
¿O también soy yo esta que muere acaso?

No sé bien de dónde me nace el dolor
A dónde se desplaza
No me alcanzan estas palabras para descubrirlo
El lejano pasado se instala en el presente
Y las angustias olvidadas todas vuelven.

No sé bien que decirles ni como repararlas
Haber fracasado en el intento me salvó la vida
Y la vida tiene estas formas amargas de recordármelo
Nadie está a salvo, no hay como.

No fui yo - enuncio - ¡No todavía!
No me he muerto, aún estoy viva
Aún me quedan minutos, tal vez días
Estoy aquí - susurro - esta es mi voz
Es mi cuerpo es mi paso el que se agita
Soy yo, aún soy yo, la que respira.

viernes, 29 de octubre de 2021

Humedad en los últimos días antes de visitar a los muertos

¿Qué es tanto silencio?
¿Dónde quedó Octubre? ¿Qué fue de Septiembre y sus cálidas mañanas?
¡Cuánto desorden dios mío!
Y viene una a tumbos a dar a finales de Octubre en una semana enrarecida.
Donde nos olvidamos de las citas y hace frío.
En que nos raspamos por descuido el índice derecho.
En frente de las estudiantes ¡Que mal ejemplo!
Se hizo, se ha hecho, un montón, un tanto.
Puedo respirar tranquila y decir: hice, he hecho.
Y sin embargo este sutil y lánguido sentimiento de la insuficiencia.
Esta necesidad fina y porcelánica de la angustia y el desespero.
En Alicia yo siempre fui el conejo.
Siempre mirando el reloj, cada instante persiguiendo al tiempo.
Sabiendo que a este paso no vamos a llegar
¿A dónde? ¡No importa!
¡Allá! Salta el conejo.
Se endereza el corbatín, se sacude la tierra de las patas.
Ojea el reloj, se queja.
Hice, he hecho.
Que no me he dado el lujo del descanso.
En estos meses he andado firme y hacia adelante.
Y los frutos son muchos pero minúsculos, casi imperceptibles.
No ¡Que va! completamente imperceptibles.
Que no son frutos para hoy, ni para mí.
Que no llevan mi nombre ni están escritos.
Yo, que aunque me cueste la vida, no voy a tener hijos.
Ya dejé todo mi genoma en las bases de datos humanas.
Ustedes, futuros, verán que hacen con eso.
Nada deber haber de meritorio en mis genes.
Digo, no más, no es por demeritarlos.
Malos tampoco han de ser si hasta aquí han venido.
No suficientes como para otra generación, he dicho!
Aunque la suerte tiene esa costumbre astuta y vagabunda de burlárseme.
De ganar poco pero estrepitosamente, inesperada pero maravillosa.
Inconsecuente pero loable.
Es viernes.
Hay universos en los que siempre es viernes.
Hay dimensiones en las que lunes es siempre.
¿Se imagina?
¿Dónde están? ¿Quiénes son los "nombrarios"?
Esas y esos que le pusieron nombre a las cosas.
A los días, a las estrellas, a los humores.
¿Los amores? esos son siempre anónimos, como los Dioses.
No se nombran, innombrables.
Adolescente la Julieta cuando preguntó ¿Qué hay en un nombre?
¡Todo Julieta! cada minúsculo secreto que define el destino preciso y exacto de los hombres.
Y a veces también el de las mujeres.
Pero no sotras por costumbre hemos sido anónimas,
Hacemos, hemos hecho.
Sin nombre pero como la araña.
Mudas pero no letárgicas.
Lejanas pero insaciables.
¡Ah! que una condor puso huevos sin fecundar y nacieron las condorcitas.
Partenogénesis ¡Si señora!
Imagínese.
Y todos nosotros todos idiotas sorprendidos
Caramba si somos una especie puro ensayo.
Pero por supuesto nos creemos mucho, demasiado.
Y apenas debemos ser alguno de esos ensayos evolutivos poco prósperos.
Yo mejor ya me callo que no tengo ningún derecho.
Ya había decidido salirme de la ruta evolutiva así que mejor ni opino.
Ah pero el silencio,
¿Qué se cocinó en ese silencio?

domingo, 29 de agosto de 2021

Aguja

La mayor limitación de la vida es que una solo puede ser lo que una es. Tal vez en eso a triunfado un poco la imaginación, que nos permite, así sea solo un poco, soñarnos algo diferente, pero de resto, la acribillada realidad se nos presenta en cada segundo con todos nuestros percances y nuestros lastres. La muerte de algunos amigos la he llorado incluso cuando aún están vivos. Así de importantes son continuamente. Continuamente son así de importantes. ¿Cuánta suerte habrá que tener en la vida para merecer pasar los últimos días en la compañía de un par de caballos? ¿Cuándo habré menguado suficientemente mi deuda y podré respirar un día largo sin calumnias ni espinas? La luz que se filtra en la mañana me corroe los oídos. Seguiré, según este ejemplo, escribiendo letras inconclusas y sin sentido, que sirven para acompañar las lágrimas y las largas tardes sin amores ni amigos. Tal vez incluso no soy suficiente ni siquiera en letras y por eso me escribo apenas de a retazos. Historias cortas sin pasado y sin futuro; untadas, manchadas, marinadas en los dolores simples de un cerebro que sin poder consigo mismo siempre quiere más y no se hastía. Largas tardes de domingo con pensamientos sombríos. Por lo menos ya sabe una para quien será el voto. En la larga larga larga lista de las injusticias de las que se trata la vida, hay una mujer dolida que se aferra a lo desconocido. Vacía y seca la idea de aspirar a ser un mártir sin causa ni discípulos. Por lo menos y por fortuna no hay para los hijos. Y no podrán ellas entonces exigirme la vida, ni echarme la culpa, ni pedirme permiso. Para eso están los otros, para los hijos. Veinte años más le suplico a esta carne que soporte. Veinte años pido, imploro, ruego, de buena ciencia y algunos artículos. Que corta es la vida incluso para los que no la quieren. Aquí estoy yo que no la quise entonces suplicándole a rastras que no se me acabe, que me de ánimos, fuerza y sobre todo cabeza por otro ratico. Alguien me remojo el corazón en Borges, y me silbó a Jairo Aníbal en el oído. Un mujer y un hombre me han partido la vida en pedacitos, antes de ella y después de ella, antes de él y ahora que no hay ninguno. En lo de que "no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista" creo que es más frecuente lo segundo. No tiene el tiempo tantas propiedades curativas como se me había dicho, y las ruinas circulares siguen quemándome los pies como con hierro. Aun no soy vieja ¿Cuánto me falta? y la niña que soy no deja de atacarme. De mujer me tocan todas las inequidades. Me tocan, así, me rozan, me acarician las manos, me rasguñan la espalda, se restriegan contra mi las inequidades. Yo, a veces, cansada, las pongo a un lado, pero ellas me saltan a la piernas, se me trepan a los hombros y me pasan la cola por la cara, parecen como gatos las inequidades. Aunque vienen siendo más bien como ratas o como bacterias las inequidades. En medio de estas infinitésimas tragedias la sangre que me baja es un gran jubilo, aunque también cobra. De esas grandes mentiras que le cuentan a uno es que hay cosas gratis. No, no hay nada gratis, siempre hay alguien pagando ese precio, siempre hay escondido entre la propaganda barata y la ilusión de lo lleno, alguien detrás comiendo menos, alguien que pierde, alguien que en últimas se muere antes de tiempo. Por cierto, recuerde Augusto que el sueldo que le pagan no cubre tratar con imbéciles, aunque es sabido que no hay advertencia que valga. Vacúnese al menos, no sea tan sucio y tan miserable. Y así quieren que una ande por ahí salvándoles la vida. Vaya haga fila, ponga el brazo, recoja el carné! Pero no, que porque es su derecho! Porque los derechos son gratis ¿Cómo no? Como son gratis el tiempo, las letras, las montañas, el agua... siempre hay alguien ahí detrás, pagando ese precio.

lunes, 23 de agosto de 2021

Espejos y Laberintos

Se me perdió Agosto cómo suelen perdérseme los meses. En una depresión cortita y, extrañamente, no tan profunda, pero con unos visos de paranoia que me dejaron temblando las neuronas y me recordaron lo cerquita que estoy de la locura. Se me perdió agosto cómo se me perdió un pedazo de cartón y se me refundieron los días como una caja con ropa escondida en el closet. Los otros en cambio se portaron como las líneas de los parapentes y me dieron aire para seguir viviendo sin ser demasiado poco y sin ser demasiado mucho...

Como es costumbre hoy en la terapia hicimos un resumen que me devolvió parte de la conciencia que se me pierde cuando me deprimo y me puso a llorar. Han cambiado muchas cosas en estos 20 años, he aprendido, y sin embargo nunca es igual, siempre es distinto. El barco de Teseo sigue siendo el mismo solo mientras siga siendo el barco de Teseo.